viernes, 26 de abril de 2013

Cuando un cristal se rompe

Si una piedra o cristal se rompe o pierde totalmente su poder curativo debido a un
exceso de trabajo, no deben despreciarse jamás.
Enterrándolas en nuestro jardín, o en nuestras macetas, no solo ayudaran a las
plantas sino que, con el tiempo, pueden ir recuperando su fuerza.
Lo podemos hacer también tirándolas al mar; sobre todo donde haya acantilados.
Se purificarán, se renovarán y el mar las pulirá. Quizás un día la encuentre un niño,
y comenzará de nuevo su beneficiosa labor.

Limpieza y cuidado

Los cristales necesitan una serie de cuidados y limpieza. En gemoterapia, los cristales se vuelven sensibles a las energías de las personas que trabajan con ellos, y en ocasiones se desgastan energéticamente durante las sesiones de trabajo. Por ello es muy importante la limpieza y recarga de los cristales, fundamental especialmente cuando los cristales son utilizados por más de una persona.

En la ficha de cada mineral se indican los mejores métodos de limpieza de cada uno de ellos ya que hay que tener ciertas precauciones a la hora de limpiar nuestros cristales. Las diferentes propiedades fisicoquímicas de cada mineral hace que ciertos minerales no puedan ser limpiados por el método del agua o la sal, mientras que algunos minerales pueden sufrir cambios de color por una prolongada exposición a la luz solar.

Hay diferentes métodos de limpieza de los cristales:

AGUA

Poner el cristal bajo un chorro de agua durante unos minutos (mejor todavía en un río, arroyo, lago o en el mar con mucho cuidado de que no se nos pierda) limpia el cristal de energías negativas. Lo más conveniente es dejarlo secar a la luz del sol para que se recargue. Hay que tener en cuenta que hay determinados cristales (Halita o selenita por ejemplo) que son solubles, por lo que no pueden ser limpiados por inmersión en agua, sin embargo la mayor parte de los cristales minerales son insolubles, por lo que se pueden limpiar con agua.

SAL

Poner el cristal en un recipiente completamente envuelto de sal. La sal tiene la propiedad de absorber la negatividad residual que puedan contener los cristales. Dejar el cristal en la sal durante varios días, lavarlo y dejarlo secar a la luz del sol.


INMERSIÓN EN AGUA CON SAL

Cuando nuestros cristales están muy descargados o se han utilizado en personas enfermas o con mucho sufrimiento se pueden limpiar sumergiéndolos durante un día en agua con sal y secándolos después al sol. En líneas generales podemos decir que los cristales que no se pueden rallar con una navaja (tienen una dureza superior a 6,5 en la escala de Mohs) pueden limpiarse por inmersión en agua con sal, los de dureza inferior no es conveniente limpiarlos por este método ya que pueden reaccionar químicamente y sufrir modificaciones.

LUZ SOLAR

La luz del sol limpia y recarga nuestros cristales. Conviene dejarlos unas horas expuestos a la luz solar. Hay que tener en cuenta que ciertos cristales minerales pueden generar un efecto lupa con los rayos solares, por lo que es importante colocar nuestros cristales sobre una superficie cerámica que admite perfectamente el recalentamiento que pueda sufrir. Ciertos minerales son susceptibles de sufrir cambios de color al estar expuestos largos periodos de tiempo a la luz solar, en ese caso se pueden colocar en sitios donde reciban abundante luz indirecta.


RECARGA DE CRISTALES PERSONALES

Para recargar los cristales con los que trabajamos podemos cogerlos con la mano derecha, visualizando un rayo de luz que entra por el chakra de la corona (por la parte superior de la cabeza) hasta el cristal inundándolo de luz. Este método conviene utilizarlo únicamente en cristales de uso personal, que no se utilizan para trabajar con otras personas. Los cristales quedarán impregnados de nuestra propia energía incrementando sus propiedades

miércoles, 24 de abril de 2013

Los Chakras


    Chakra quiere decir rueda en sánscrito. En la ciencia yóguica, se definen como centros giratorios de energía que reciben, regulan y distribuyen el prana, o la energía vital que fluye por nuestros cuerpos sutiles a través de nuestros canales energéticos (nadis, o lo que en la medicina china se conoce como meridianos, en cuyo caso el prana se conoce como chi). Los chakras principales son siete, y están ubicados justo delante de la columna vertebral de manera ascendente. Esta energía es la misma que nos da vitalidad, y que se transforma en diferentes tipos de vibraciones que están conectadas con diferentes formas de la energía universal: la supervivencia, la sensualidad, el poder personal, el amor, la expresividad, la intuición y la espiritualidad.
    Los chakras son una especie de mapa de nuestro ser corporal y metafísico, de nuestro mundo interior y de nuestra relación con el mundo. Una manifestación saludable de cada una de estas energías (que tienen un color específico, que corresponden a los brillos que se perciben cuando se habla del aura, y que se representan como flores de loto de diferente número de pétalos) se refleja en salud, bienestar, relaciones satisfactorias, voluntad y decisión, creatividad, capacidad de disfrute y conexión con el universo, entre otros aspectos. En general, significa tener un equilibrio entre las diferentes dimensiones de la vida que de una forma u otra están operando de forma positiva o negativa y que forman parte de nosotros en nuestros aspectos físicos, mentales, emocionales y trascendentes.
    Desarrollar una sensibilidad hacia fuerzas vitales nos ayuda a comprender disfunciones motivados por excesos o insuficiencias, que se manifiestas en nuestras vidas como situaciones conflictivas, carencias por la dificultades para conectarse con esa energía en el mundo, infelicidad, temor, rabia o enfermedad. Lo más bello de comprender e identificar cada chakra y su resonancia en nuestro cuerpo y en nuestra experiencia vital es que, al potenciar o moderar dicho chakra determinado, podemos transformar nuestras vidas y curiosamente, las circunstancias externas se modificarán a continuación.
    Por tanto, el conocimiento sobre los chakras es una poderosa herramienta de autoobservación y equilibrio: los dos objetivos fundamentales del yoga. Al igual que la premisa sobre la que se basa el yoga y sus diferentes prácticas, cuando trabajamos sobre los chakras y los equilibramos no estamos buscando “llegar” a un estado superior o diferente. Significa regresar a ese equilibrio que es natural en nosotros y que se altera con condicionamientos sociales, familiares o culturales, creencias, patrones mentales recurrentes, circunstancias extremas o formas de vida que nos hacen estar alejados de nuestro verdadero espíritu.
    Nuestra vida es un reflejo de nuestros chakras
    Algunos chakras tienen características femeninas de quietud, aceptación, receptividad y sabiduría, mientras que otros representan aspectos masculinos de actividad, poder, solidez y afirmación. Algunos se relacionan con nuestra naturaleza más básica y otros con fuerzas más elevadas: todos son pulsiones que forman parte de nosotros, y son necesarios en una proporción adecuada para la salud del cuerpo y del alma. Esta danza entre la expansión y la fuerza que realizamos a través de prácticas tradicionales como el hatha yoga (que equilibra la luna y el sol), es una forma de traer balance a las diferentes vibraciones que nos constantemente entregamos y recibimos del universo a través del prana: la energía primordial.
    Comprender cómo cada uno de estos chakras representa un aspecto de la energía universal que está presente en cada uno de nosotros y cómo manejamos estos aspectos con respecto a nosotros mismos el mundo, nos puede ayudar a estar más conectados con nuestro mundo interior, de donde creamos nuestra vida. Somos formados para creer que la vida son sencillamente cosas que nos suceden. Pero la anatomía del yoga, coincidiendo con otras creencias metafísicas, nos indica que el mundo, los sucesos y como experimentamos la vida, es algo que creamos, atraemos y ante lo cual nos sensibilizamos; tengamos conciencia de ello o no.
    El gran secreto es que tenemos la capacidad de crear salud,
    alegría, prosperidad, goce, relaciones satisfactorias y de estar sintonizados con una conciencia superior. Es nuestro derecho de nacimiento. El tener conciencia de nosotros mismos y de las diferentes formas energéticas de nuestro mundo interno nos da el gran regalo de actuar en lugar de reaccionar a las fuerzas exteriores, energías y pulsiones, que es como la mayoría de nosotros vive. O tampoco estar gobernados exclusivamente por unas de ellas, lo cual muchas veces genera una reacción opuesta igualmente desequilibrada, ni suprimiendo otras.
    Esto quiere decir, observar cómo está funcionando la relación con nosotros mismos, lo que la vida nos está dando y cómo interactuamos con los demás y con base en esto, activar cada uno se nuestros chakras y ponerlos a funcionar adecuadamente. Es tomar responsabilidad y hacer buen uso de esta libertad sobre nuestros impulsos vitales y de las posibilidades maravillosas que esto nos da ante nuestra vida.

El cristal y su energia


Un cristal irradia constantemente energía por eso, un cristal colocado en una habitación armoniza la energía de manera positiva de quienes utilizan la habitación. 
Se sabe que la relación entre la salud del cuerpo y la de la psiquis es muy íntima. Se puede disfrutar de una condición saludable del cuerpo físico si nuestra mente no se ve agotada por turbulencias emocionales o por lo menos superar favorablemente cualquier dolencia física o enfermedad. El cristal ayuda a recuperar ese equilibrio, por lo que es muy beneficioso para nuestra salud. La influencia de la energía de un cristal es tan importante que aunque la mente humana no perciba esa vibración, la presencia de éste en un hogar, hace que aumente la sensibilidad y la relajación de los que habitan en él. Ubicado en una habitación luminosa, la influencia de esas energías será más poderosa, ya que los cristales necesitan de luz natural para cargarse, aunque debe considerarse que esa energía nunca cesa, ni aún en la oscuridad. Cada cristal tiene un extremo que constituye un punto de mayor emisión vibratoria, por lo que es conveniente, si se lo coloca en un estante, una mesa, que ese extremo apunte al centro de la habitación, y si se pide la orientación de ese cristal, tenemos que tener en cuenta ese extremo. Para utilizar los cristales en forma positiva y que generen energías en el lugar que habitamos, es necesario utilizar un cristal grande como el alféizar; si el ambiente es amplio y de techos altos se lo ubicará cerca de la ventana, otra opción es colocar cristales pequeños en cada rincón de la habitación, siempre apuntando hacia el centro, otra forma de utilización, es llevarlo como colgante o en el bolsillo o en un bolso. Para un uso activo del cristal, es decir para curar una enfermedad, terminar con bloqueos afectivos, superar depresiones y realizar un cambio profundo, los cristales deben prepararse y programarlos; para ello debemos ponernos a tono con el cristal, realizar una profunda meditación, familiarizarse con el cristal, como por ejemplo, ver cuáles son sus extremos, si hay dos iguales, cuántas fases tiene, que marcas, que características tiene cuando se los expone a la luz o a la oscuridad, etc. Ponerse a tono significa neutralizar el pensamiento y llevarlo hacia el interior de uno mismo, provocando un mayor autocontrol, logrando la paz interior, una relación más profunda con nuestro interior y una gran visión del universo mismo. El cristal se convierte en un verdadero espejo que refleja la luz que va a iluminar nuestro interior. Para recibir la totalidad de la energía de los cristales, es necesario concentrarse al máximo, para lo cual será conveniente crear un ambiente adecuado, es decir elegir la habitación que nos resulte más agradable, que nos proporcione intimidad y confortabilidad. 
Antes de comenzar conviene abrir puertas y ventanas para renovar el aire, también se puede encender un incienso o vela aromática durante diez a quince minutos. De esta manera, se neutralizan las vibraciones negativas, y el aire renovado y los aromas se combinan para alejar los pensamientos demoledores y las tensiones. Una vez preparada la habitación, debemos sentarnos cómodamente sobre una alfombra con los pies descalzos, las piernas cruzadas y con la espalda bien erguida, si esta posición resulta incómoda podemos acostarse en la alfombra, porque lo importante es relajarnos. Una vez ubicados en la posición más cómoda debemos cerrar los ojos y comenzar a respirar profundamente y de forma pausada, concentrándonos solamente en el cristal y pensando solo en su poder. Tenemos que tener el cristal en la mano derecha, la mano de dar, la que tiene carga positiva, cuando necesitemos convertir nuestros deseos en realidad, para mejorar las relaciones con los otros o planificar el futuro. Tomamos el cristal con la mano izquierda, la mano de recibir, la que tiene carga eléctrica negativa, cuando necesitemos cargarnos de energía, orientar los deseos, aclarar nuestro pensamiento, profundizar nuestro interior, buscar alguien que nos guíe o luchar por nuestras ambiciones. 


El lenguaje que hablan los cristales solo puede ser captada por quienes tienen una profunda sensibilidad y para desarrollar esta sensibilidad es necesario poner nuestra mente a tono, conectando profundamente nuestro cuerpo, la psique y las emociones, y es así como el cristal liberará toda su energía y nos ayudarán a conseguir la armonía y el equilibrio para mejorar nuestro nivel de vida.